Diez años hace que Enric Puig convenciera a su familia para crear una regata que ya de por sí empezó muy fuerte y con el tiempo se ha ido consolidando, si cabe, como uno de los eventos del verano deportivo y social barcelonés. La Puig Vela Clàssica Barcelona cumple su décimo aniversario y lo hace con récord de inscripción con más de medio centenar de barcos, lo cual de por sí ya es un éxito.

Puig Perfumes, patrocinador y dueño y señor de la regata, tiene claro que este es un evento social en el que pueden mostrar a sus clientes y amigos su regata, la única que se han quedado. Atrás queda, en el recuerdo y en la historia, aquella Copa del Rey Agua Brava.

En esta regata en particular el objetivo es distinto, y la Puig Vela Clàssica se ha convertido en un encuentro anual en su casa, de barcos clásicos y de época, que si bien algunos buscan competir, la mayoría busca la navegación por placer en una reliquia de la vela. Al final en esta regata el resultado es lo de menos y sirve a la marca como un evento de relaciones públicas.

Se pueden encontrar barcos clásicos en todos los sentidos amplios de la expresión, como los Moonbeam III y IV, que no se pierden ni una o Il Moro de Venezia I, un nombre con una historia atrás muy importante o barcos de más de 50 metros de eslora como el maltés Xarifa. Junto a ellos otros nombres que por no ser tan conocidos no son menos importantes para que regatas como esta triunfen, y me refiero a barcos como el Niña Luisita en el que Guille Jané le ha puesto todo su cariño, por poner un ejemplo.

Las aguas de la Ciudad Condal verán surcar durante tres días estas maravillas, y todas ellas con su historia particular detrás.

Aquí además de a perfume, huele a madera…y de la buena.

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