Disputada por primera vez en 1953, la Giraglia Rolex Cup celebra esta semana su 65ª edición consecutiva fiel a un formato único que combina pruebas costeras con una regata de altura de 241 millas náuticas que une el puerto francés de Saint-Tropez con el italiano de Génova vía la roca Giraglia, en el extremo norte de Córcega. La salida de su prueba reina, la que da nombre al evento, reunirá mañana, miércoles, a una heterogénea flota formada por cerca de 220 embarcaciones. La previsión de vientos ligeros añade un extra de incertidumbre a una prueba en la que, literalmente, cualquiera puede ganar.

La Giraglia Rolex Cup cuenta con elementos únicos y diferenciadores que atraen anualmente a una destacada selección de los mejores equipos profesionales y amateur. Creada en 1953 con el objetivo de mejorar las relaciones entre Francia e Italia tras la contienda de la Segunda Guerra Mundial, siempre ha ejercido una atracción natural sobre la comunidad de la vela, pero fue a partir de la incorporación de Rolex como patrocinador principal en 1998 cuando alcanzó el estatus de cita inevitable en el calendario de grandes regatas del Mediterráneo. Desde entonces no ha dejado de crecer. En 2016 reunió a una flota récord de 268 barcos y cerca de 3.000 regatistas; este año, el número de inscritos ronda los 220.

Desafío impredecible
El programa deportivo de la Giraglia Rolex Cup es muy amplio, una interesante combinación de pruebas de larga distancia con cortos enfrentamientos barlovento-sotavento en la preciosa bahía de Saint-Tropez. La más importante de todas, la que supone la esencia del evento desde 1953, es la regata de 241 millas náuticas que enlaza el puerto francés de Saint-Tropez con el italiano de Génova vía la roca Giraglia, todo un icono de la navegación en el Mediterráneo, situada en el extremo norte de Córcega. Un recorrido relativamente corto en comparación con las más de 600 millas de la Rolex Fastnet Race o la Rolex Sydney Hobart, pero que supone todo un desafío para quienes se atreven a enfrentarlo.

La meteorología en esta parte del Mediterráneo en junio puede ofrecer infinidad de obstáculos y retos. Tanto puede soplar un duro mistral como establecerse desesperantes encalmadas. Triunfará el que mejor sepa adaptarse a los caprichos del viento. Esta vez, el parte indica que será más lo segundo que lo primero. “La previsión es de brisas muy ligeras”, indica Sir Peter Ogden, armador del Jethou, uno de los tres Maxi 72 (junto al Momo de Dieter Schön y el Caol Ila R de Alex Schaerer) que deberían liderar la carga hacia Génova. Teóricamente. “Podemos disfrutar de buena presión en el tramo hacia la roca, pero parece que tendremos muy poco viento a partir de ahí. En condiciones normales la victoria en tiempo real debería ser para un Maxi 72, pero con brisas tan suaves… Nunca sabes”.

Los participantes afrontan la prueba con diferentes objetivos: la victoria absoluta, la victoria de clase o el mero hecho de completar el recorrido y formar parte de la historia. La batalla por el título absoluto tiene tantos candidatos como participantes. Literalmente. En los últimos años, la victoria ha correspondido a barcos con un rango de esloras entre los 33 y los 100 pies; virtualmente, cualquiera puede ganar. Los más valientes, sin embargo, se atreven a señalar a las embarcaciones con esloras de 30-40 pies como favoritas para este 65º título.
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El actual récord de la Giraglia Rolex Cup fue establecido en 2012 por el Supermaxi de 100 pies de eslora Esimit Europa 2, que completó el recorrido en 14 horas, 56 minutos y 16 segundos. El parte parece indicar que el asalto a esta marca tendrá que esperar al menos un año más.

Tanto el ganador en tiempo real como el campeón absoluto de la Giraglia Rolex Cup reciben un Rolex grabado, el respetado símbolo del éxito en regata.

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