Pasó lo que todo el mundo, menos parece ser que Julia Casanueva, pensó que iba a pasar. Convocar una asamblea general un 10 de agosto a las 18,30 horas y de forma telemática, era una osadía. Si ya es difícil que en circunstancias normales vayan los asambleístas, pues ya me contarán haciéndolo de esta forma.

Con tres cuartas partes del país de vacaciones, y el otro cuarto pensando como salir de esta crisis, creer que la asamblea para realizar unos cambios estatutarios de cara a las elecciones a la presidencia, que se tienen que convocar este año, no era la mejor idea convocarla ni el 29 de julio, cuando se hizo por primera vez –pero se tuvo que desconvocar por múltiples errores-, ni el 10 de agosto con el país medio paralizado. Ya lo advirtió el presidente de la Federación Madrileña, Guillermo Poyán, hace unos días.

Para que la asamblea se hubiera podido celebrar tenía que haber estado presente en la videoconferencia un tercero de los asambleístas, es decir 39, pero solo fueron 35.  9 federaciones, 13 clubes, 3 deportistas, 8 técnicos y 2 jueces. Pero además no se hizo de forma seria con una empresa especializada en reuniones en las que hay votaciones por medio. Las conexiones se cortaban, cuando hacían repaso de los asambleístas a veces aparecían, otras no. Hasta el punto de que la presidenta intentó alargar la agonía de los presentes intentando esperar un poco más y a ver si las llamadas telefónicas a los ausentes hacían efecto, pero nada de esto funcionó, con lo que los presentes se fueron con lo puesto, y con una sensación de pérdida de tiempo.

Pero lo más triste del caso no es solo eso, sino que la sensación que dio Julia Casanueva, es de soledad total y absoluta. Y no lo digo yo, sino que me lo comentaron varios que sí estuvieron. Por no estar, no estuvo ninguno de sus tres vicepresidentes Xavier Torres, recien dimitido como presidente de la Federació Catalana, ya que se encuentra en pleno proceso electoral; ni Paco Coro, ni Pepe Martínez. Llama poderosamente la atención lo de este último, ya que si como se dice, quiere presentarse a las elecciones a presidente, qué menos que haber estado presente en un tema que creo que le interesa bastante, ya que le incumbe muy directamente.

El caso es que ahora habrá que buscar nueva fecha, probablemente sea para septiembre, pero que esto no hace más que atrasar la convocatoria electoral y demostrar una vez que Julia Casanueva navega sin rumbo. Lo único que hace ahora es alargar una agonía en una legislatura que, además sin Juegos Olímpicos y con la mitad de las competiciones suspendidas, está más que amortizada.

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