Esta semana se celebra en aguas de Valencia una de las pruebas del circuito de las 52 Super Series. Hubo un día en que los TP52, en su defecto Transpac 52, cuando llegaron a España hace casi dos décadas, fueron una revolución marcando un antes y un después en la vela mundial. Aquí fue su entrada en Europa y aquí se han quedado a hacer regatas, pero desde hace casi una década, ni rastro de equipos españoles. Eso sí, la dirección general está en manos de Agustín Zulueta, que en ha conseguido reactivar un circuito venido a menos tras los esplendorosos años de la Audi MedCup.

Nos tenemos que conformar en eso, en que sigue siendo el país de acogida de esta flota, y que los regatistas españoles que han podido han tenido que exiliarse a barcos extranjeros, como puede ser el caso de Jordi Calafat, David Vera, Pepe Ribes, Pedro Mas, Nacho Postigo o Víctor Mariño. Otros como Aleix Gelabert también están, pero formando parte de equipos de tierra. Afortunados ellos.

Víctor Mariño (d), en el Platoon, y Agustín Zulueta, director general, son de los fijos en las 52 Super Series. Fotos: Nico Martínez

A los armadores extranjeros les debe gustar el sol de España, ya que la prácticamente la mitad de las regatas del circuito se celebran aquí, ya sean en Baleares, otra en Valencia y el año que viene habrá hasta una regata en Andalucía. Este año empatados con dos con Croacia y otra en Portugal, países que curiosamente tampoco cuentan con ningún barco.

También la tecnología española parece que funciona, no en vano ocho de los once barcos que forman el circuito han sido diseñados por el estudio del santanderino Marcelino Botín y también un buen puñado de barcos han sido construidos en astilleros valencianos como Longitud Cero en Burriana y King Marine en Alginet.

Realmente me resulta curioso todo esto, y mientras tanto el pasotismo por y para el público y los medios españoles –y no me refiero a la edición en español de la nota de prensa-, sino en general es patente en un circuito privado, con barcos y equipos profesionales y que en mi opinión deberían apostar un poco más por lo que les rodea, pero la desidia, de por sí, es latente.

Las ciudades y puertos que les acogen deben tener los números muy claros de que esto de recibir el circuito de las 52 Super Series les debe salir económica y mediáticamente muy rentable, porque sino, no lo entiendo.

Algún guiño de complicidad en el futuro no les vendría nada mal. Digo yo, vamos.

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