El Cabo da Roca, situado en Sintra (Portugal), tiene el faro más occidental del continente europeo.

Cuando llevábamos diez días de confinamiento me saturé de ver en la televisión a astronautas y capitanes de submarino hablando de aislamientos. Quería conocer ejemplos más cercanos. Y en tierra. Por eso, y también porque uno es, pese a todo, un romántico terco e irredento, contacté con Miguel García Cernuda, uno de los últimos fareros que quedan en España. Miguel, que es de Madrid pero se ha hecho gallego en su faro de Punta Candieira, más de treinta años ya con el viento como único e insolente vecino, después de contarme su vida y de confesarme que la soledad no es una cuestión de torres, porque uno puede estar más solo en una ciudad repleta que en un faro aislado, me dijo que esa, conmigo, era la vez que más había hablado él nunca con un periodista.

Durante todas estas semanas, por algunos reportajes en los que trabajaba, he tenido la fortuna de mantener numerosas conversaciones. Lo he hecho con escritores, con biólogos, con expertos en salud y en política internacional, con biógrafos de Trump o con amigos, y enemigos, del rey Juan Carlos. El periodismo, a veces, más que un oficio, es un privilegio. Si encima cobráramos por ello sería una maravilla. Lo mejor de todas esas charlas es que transcurrían lentas y sosegadas, como si fuese el tiempo lo que se hubiese detenido y no nosotros. Lo más bonito es que todas comenzaban con un “¿qué tal estáis allí?”, con un vosotros y un nosotros tan infrecuente como cálido y esperanzador.

No somos islas, aunque el virus nos haya sitiado como islas. En todo caso, penínsulas. Siempre hay algo que nos ancla a tierra firme, al nosotros; siempre hay alguien que nos evita la deriva. Lo he sentido con todas esas conversaciones que han servido para unir islotes y compartir angustias y mundos. No dejemos de buscar los faros. Allí están la tierra y el nosotros. Siempre hay, al menos, una grieta. Lo escribió Leonard Cohen: así es cómo se filtra la luz.

David López Canales es periodista freelance colaborador de Vanity Fair y autor del libro ‘El traficante’. Puedes seguir sus historias en su Instagram y en su Twitter.

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