El cielo reflejado sobre el mar como si de un espejo se tratara.

Seis meses después de que empezara todo ESTO no somos ni más fuertes ni mejores. Ni siquiera diferentes. Tres meses de encierro más tarde y otros tantos de verano en calma chicha han servido de poco, o de nada, para cambiarnos. Quien confiase en que ESTO nos transformaría o es un optimista irredento o un ignorante mayúsculo. O ambos. Porque ESTO, en realidad, no ha sido más que un filtro, como los que se usan en Instagram para inventar o adornar vidas. En este caso uno que funciona como un cristal de aumento para magnificar, acentuar o exagerar lo que hay debajo: nosotros.

A quien estaba solo, el confinamiento le hizo sentirse más solo. Quien ya no soportaba a su pareja hoy se ha separado o quisiera hacerlo. Lo mismo con los hijos, pero de esos no puede deshacerse uno, que está mal visto y los internados en Irlanda carísimos. Quien estaba desquiciado ha salido volando sobre el nido del cuco. También se aplica a la inversa. Las parejas y familias dichosas lo son más y están más unidas y los solteros en paz consigo mismos ahora están más cerca de eso que el marketing, Coca-Cola y la autoayuda llaman felicidad y que no es sino calma. Y lo mismo sucede en la política. El inepto -se señale hacia donde se señale se encontrarán muchos- se ha revelado peligrosamente incompetente; el bueno, miremos por ejemplo a Portugal, ha brillado como la estrella Polar para que no perdamos el norte; y el loco, fijaos en Trump, se ha olvidado directamente no ya de ese norte, sino de la realidad.

Todo ESTO es un laberinto de espejos como los de las ferias. Se mete uno y se ve gordo o enano o estirado o deformado pero tras la caricatura se sigue siendo el mismo. La esencia de lo que somos, por mucho que no queramos asumirlo, como siempre decimos que salimos mal en las fotos. Es ese laberinto en el que nos sorprendemos al final riéndonos de nuestra cara de tontos ante el cristal, hasta que alguien nos dice que ya se ha terminado la atracción y que ese espejo no tiene truco. Has salido del laberinto, como atravesamos el virus, pero te llevas contigo a tu minotauro vivito y coleando.

David López Canales es periodista freelance colaborador de Vanity Fair y autor del libro ‘El traficante’. Puedes seguir sus historias en su Instagram y en su Twitter.

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