La presente edición de la Golden Globe Race está siendo extremadamente dura para los participantes. El Océano Índico está furioso, y algunos barcos y regatistas lo están pagando muy caro. Esta vuelta al mundo en solitario, que pretender rememorar aquella primera circunnavegación de Sir Robin Knox-Johnson, está suponiendo un quebradero de cabeza para los participantes y para los equipos de rescate, ya que la flota estaba a 2000 millas de Australia. De los 18 barcos que el 1 de julio partieron de Les Sables d’Olonne, tan solo quedan 9 en competición.

En las últimas horas se activó el código rojo con vientos de más de 70 nudos y olas de 14 metros que provocaron vuelcos, roturas, graves averías y regatistas al borde del KO.

El indio Abhilash Tomy, patrón del Thuriya, una réplica del Suhaili –el barco con el que Sir Robin hizo la primera circunnavegación en solitario-, ha sido el que peor lo ha pasado después de que su barco diera una vuelta de 360 grados, perdiera el palo y sufriera un fuerte golpe en la espalda que le dejó inmóvil, lo que le impidió poder contactar con nadie. Unas horas eternas de angustia, hasta que el Centro de Coordinación de Australia y la marina india consiguió dar con el barco y activar el protocolo de rescate, que finalmente ha podido realizar después que un avión del ejército de la India localizó el barco de su compatriota, como se puede observar en la imagen sacada desde el avión.

Finalmente un barco pesquero francés, el Osiris, que faenaba en aguas del Índico, era quién finalmente rescataba a Tomy, y también iba en busca del irlandés Gregor McGukin, que también ha perdido el mástil de su Hanley Energy Endurance y navegaba con el aparejo de fortuna y con numerosas rotura. Una vez evacuados indio e irlandés el Osiris se dirigirá hasta la Isla Amsterdam donde se halla una base científica y donde podrán recibir una primera asistencia médica.

Se trata de una regata a la antigua usanza, como hizo en 1969 Knox-Johnson, con barcos sin las comodidades de los actuales veleros, y donde solo utilizan el sextante y escribiendo sus posiciones por estima.

Una auténtica odisea que para algunos ha llegado a su fin, con el mejor final que se podía esperar dentro de la desgracia.

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