Todas las alarmas han saltado en el seno de la comunidad mundial de la vela. La World Sailing, la Federación Internacional de Vela, estaría a las puertas de la bancarrota, sí, tal como suena.

Desde hace años la gestión de la World Sailing está puesta en duda, pero los cambios realizados en los últimos meses han llevado a que la situación empiece a ser insostenible. El presidente, Kim Andersen, elegido hace menos de dos años en Barcelona y el CEO Andy Hunt parece que han agotado el poco crédito que tenían y la próxima Reunión Anual, que se celebrará en Sarasota del 27 de octubre al 4 de noviembre, se presenta muy caliente.

Con la llegada de Andy Hunt, con Carlo Croce como presidente, supuso que la World Sailing pasara de ser una federación como tal a una especie de empresa que se dedica entre otras cosas a vender las regatas al mejor postor. El caso de Mundial de Santander es un claro ejemplo de cómo se puede comprar una regata, y ya no digamos las regatas de la World Cup Sailing. ¡Qué acierto tuvo el Sofía de salirse de este circuito!

El cambio de sede, de Southampton a Londres, supuso un sobrecoste de 107.900 a 480.000 libras. El aumento en personal también ha sido importante, un total de 1.6111.000 libras -de las cuales 200.000 son el sueldo de Hunt- en 2017 y en 2018 se prevé que el gasto en personal sea de 2.250.000 libras.

De seguir así, todos los estudios apuntan a que de aquí a 2020 la World Sailing haya caído definitivamente en bancarrota, ya que en un primer momento se calculaba que el déficit en 2017 fuera de 2.116.242, una vez revisado se vio que era de 4.252.000 y acabó el ejercicio en 5.239.000.

El presidente de la World Sailing, Kim Andersen, junto a la presidenta de la Federación Española, Julia Casanueva.

Desgraciadamente, y esto lo vivimos a nivel doméstico actualmente, las federaciones se han convertido en corralitos en los que el deporte y los deportistas han pasado a un segundo plano, donde dirigentes ineptos y con conocimientos prácticamente nulos de lo que tienen entre manos son los que toman las decisiones que afectan a todo el conjunto y que están llevándonos al precipicio. En la de vela esto lleva ocurriendo desde hace varios años y en España somos especialistas en encontrar a oportunistas que han visto como la federación es el lugar perfecto para servirse económica o promocionalmente, con usos totalmente partidarios dejando a los deportistas, a las clases y a los clubes de la mano de Dios.

La federación se ha convertido en un ente, que sí, aún marca un poco las normas, pero que cada vez presta menos atención y servicios a sus federados, ya sean deportistas o clubes.

La World Sailing, por su relevancia, ha sido la primera en explotar. Como cuentan Bob Fisher o Michele Tognozzi, que además de amigos míos, son dos de los periodistas más reputados en el mundo de la vela, que anteriormente quienes dirigían las federaciones eran antiguos regatistas con cierto nivel y que querían a este deporte. Desde hace unos años estamos en manos de unos auténticos indocumentados, y así nos va.

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