Julia Casanueva sigue en sus trece de seguir en el cargo más tiempo del que realmente le tocaría. Lo de que las elecciones sean antes de final de 2020, tal y como les exigió hace dos semanas el Consejo Superior de Deportes ya es imposible, y más después que en la asamblea general celebrada telemáticamente el pasado miércoles, anunciara que convocaría de forma inminente a la Comisión Delegada para iniciar los trámites, pero eso también lo dijo en la asamblea convocada en el mes de agosto y estamos a finales de octubre y seguimos igual.

De aquella pantomima que montó en pleno verano, primero tuvo que aplazarla y después no tuvo quórum, hemos llegado al mes de octubre y ni se ha llevado a trámite el famoso cambio de Estatutos, con lo que lo único que buscaba Casanueva era que el tiempo fuera pasando, desafiando así no sólo a la propia asamblea sino al propio Consejo Superior de Deporte, al que sigue ninguneando una vez más. Y es que en la asamblea del pasado miércoles día 21 -que si atiendes a la versión oficial fue que su trabajo es una maravilla-, no se atrevió a plantear los presupuestos de 2021 como ella pretendía. Sobre las cuentas dijo que este año habían dado un beneficio de más de 331.099.85 euros. ¡Sensacional!, pero luego las clases no olímpicas y demás, tienen que pagárselo prácticamente todo de su cuenta cuando van a Mundiales y Europeos representado a su federación. Supongo que los regatistas y clubes estarán encantados de que la federación acabe dando superávit a costa de sus bolsillos.

Volviendo a las elecciones, lo dicho, siguiendo los pasos de sus colegas de piragüismo y remo, que se siguen riendo del CSD en su cara, dijo que tras convocar a la Comisión Delegada –que aún no lo ha hecho- se mandará el Reglamento Electoral al CSD que tardará unos 15 días en contestar. Si vamos sumando los tiempos que marcó, Casanueva no convocará elecciones antes del 15 de diciembre, con lo que de ser así, no se celebrarán como mínimo hasta primavera.

A la pregunta de un asambleísta de si se presentaría, ni confirmó ni desmintió nada, con lo que ella sigue a lo suyo. Si realmente le importara este deporte y no estar ella sentada in sæcula sæculorum en la poltrona –que es lo que realmente le gustaría-, ya habría iniciado los trámites nada más terminar el estado de alarma, como hicieron la mayoría de presidentes a sabiendas de que este año no habría Juegos Olímpicos.

El problema no es que no quiera a este deporte, el problema es que ella sólo se quiere a sí misma.

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