Llevo, como todos, leyendo decenas de artículos y de informes cada día sobre lo que está sucediendo y hay dos cosas que me obsesionan por encima de todo. La primera, los datos del virus, para comprender su verdadera letalidad, mucho inferior, afortunadamente, de lo que da la impresión y para entender que la clave es que en España y en el mundo hay millones más de contagiados de lo que dicen los absurdos recuentos oficiales. La segunda es más preocupante. Todo lo que está sucediendo estaba ya previsto que podía a pasar. Mejor dicho, que iba a pasar.

Leo artículos tan exactos en su vaticinio que resultan escalofriantes. Y enseguida me pregunto por qué si era tan real no se hizo nada por prevenirlo. Y pienso, porque lo estudié, además, que dejé un máster a medias que algún día pondré, como los políticos, en el curriculum como si lo hubiera terminado, que los virus y las pandemias no figuran en las políticas de seguridad y defensa de los países, ni en los planes conjuntos de la UE ni de la OTAN ni de ninguna de estas organizaciones que hoy se revelan tan inútiles.

Buscábamos enemigos físicos en fronteras físicas siguiendo la vieja geoestrategia de la Guerra Fría mientras la realidad del mundo que hemos creado nos arrollaba. Ahora vemos a nuestros soldados que no llevan fusiles de asalto sino bombonas con desinfectante mientras algunos líderes mundiales siguen hablando del virus con la misma retórica obsoleta y la Unión Europea se niega a ser realmente unión ni europea. Y siento, sobre todo, pena y miedo. Por el presente, pero también por el futuro que llegará y nos pillará en las mismas.

David López Canales es periodista freelance colaborador de Vanity Fair y autor del libro ‘El traficante’. Puedes seguir sus historias en su Instagram y en su Twitter.

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